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La vida navegable (Antología marina)

[Prólogo de José María Jurado]

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SKU: 978-84-16210-09-1 Categoría:

Detalles

Colección

Arrecifes

Medidas

145×215

Páginas

132

ISBN

978-84-16210-09-1

Año de edición

2014

Sobre el autor

Santos Domínguez

Santos Domínguez

Santos Domínguez Ramos, Cáceres, 1955. Catedrático de Lengua y Literatura. Crítico y poeta. Su obra poética figura en varias antologías nacionales e internacionales, la más reciente aparecida en Francia en 2008: "Inuits dans la jungle. 25 poètes d'Espagne", una selección universitaria de los poetas mas significativos de los últimos cincuenta años.
Es autor de libros de poesía como "Las provincias del frío", "En un bosque extranjero", "Luna y ciencia nocturna", "El agua de los mapas" o "El dueño del eclipse", con los que ha obtenido importantes premios nacionales e internacionales.
Antologada en diversos volúmenes como "Plaza de la palabra" o "Las alas del poema", parte de su obra poética ha sido traducida al francés, inglés, húngaro, árabe e italiano.
En esta misma editorial ha publicado "Las sílabas del tiempo" (Colección Tierra).

Santos Domínguez, como el viejo marinero en su balada, ha navegado todos los océanos y ha descendido a todos los abismos. Y aunque su mar es el azul de Cádiz, la cúpula salina de la nieve al sol, es un náufrago errante, un extranjero, que ha cambiado el hielo por la espuma amarga, el invierno de todos los caminos por el hondo silencio de la ola que rompe, la alambrada de espinos por la cortada roca de la costa africana.

Este libro no es un acuario ni una colección de marinas brillantes, aquí ruge el mar, aquí chillan los pájaros, aquí reluce el ojo vítreo del pescado y trepa el salitre con su lepra de luz por las jarcias de los huesos.

Para el poeta puro que es Santos Domínguez hay siempre un barco ebrio listo para descender por las salvajes aguas del espíritu, cada poema de esta antología es una invitación al viaje que aguarda al hombre libre, dispuesto a asomarse al ancho estuario surreal de la conciencia.

¡El mar! El siempre recomenzado mar de Valéry; el mar en cuyo seno proteico vio Ezra Pound flotar los ojos de Picasso; la marina donde Eliot espantaba la imagen de la muerte tras la niebla; el mar juanramoniano que está en sí, pero lejos y solo de sí mismo: el mecánico mar de Gimferrer alzado por poleas de imagen y sonido; el machadiano mar en el que sopla para sus hijos desnudos el viento en Galilea; el mar que es un adagio y una góndola donde Mahler navega sobre el amor y el tiempo; el mar que es uno de los nombres de Homero. Todos estos océanos gravitan sobre el gran océano que es la poesía de Santos Domínguez, porque es una y sola la poesía como el mar, como el morir.